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Tenemos que hablar de nuestros óvulos

Cuando hace poco, mencioné a una amiga embarazada que estaba escribiendo un libro sobre la congelación de óvulos (y que había congelado los míos propios con la esperanza de preservar mi capacidad de tener hijos sin problemas pasados los 40 años), ella respondió: “Eres muy afortunada. Me hubiera gustado saber más sobre la preservación de la fertilidad y la congelación de óvulos”. A sus 40 años quería tener dos hijos por lo que ella y su marido planearon concebir un segundo hijo poco después del nacimiento del primero. “Ahora todo parece a una carrera”, se lamenta. Casada a los 38 años, nunca pensó en hablar con su ginecólogo sobre fertilidad. Hasta ahora. Si su médico le hubiera sacado el tema, comenta, “podría haber preservado óvulos cuando era más joven“.


En nuestra sociedad, obsesionada con la fertilidad, las mujeres no pueden eludir el mensaje de que es más difícil quedarse embarazada después de los 35. Y, sin embargo, la preservación de la fertilidad no es una conversación que las pacientes tengan con los médicos con los que hablan de sus intimidades. A no ser que ellas saquen el tema de manera expresa, obstetricias y ginecólogos se dedican a preguntar, rutinariamente, a sus pacientes sobre su historial sexual o medidas anticonceptivas. En la mayoría de ocasiones, se les pasa una cuestión: ¿Tiene planes de tener una familia?

Los médicos dividen su opinión sobre su responsabilidad al respecto; no saben si deben abordar las inquietudes familiares con las pacientes. Los que asumen la premisa ‘pregúntame primero’ se basan en que no quieren ofender a las mujeres que no desean tener hijos ni agobiar a quienes lo anhelan. Una mera cita informativa puede derivar en una emotiva charla personal sobre los problemas para conseguir un embarazo. Se puede tranquilizar a una angustiada mujer de 38 años asegurándole que todavía tiene tiempo, explicándole cómo puede decidir ser una madre soltera o animándola a mantener una relación insatisfactoria solo por el esperma.

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Teniendo en cuenta que la fertilidad es una realidad variable –hay mujeres que requieren un tratamiento a los 36 años mientras que otras pueden ser madres naturales a los 42-, ¿cuándo es la edad adecuada para hacer sonar la alarma? El mayor impedimento para sacar la cuestión era, hasta hace poco, la falta de opciones para una madre soltera. Tenía la posibilidad de usar esperma de donante para tener un hijo o congelar varios embriones para su posterior uso. Ahora, ha surgido una nueva opción: vitrificar sus óvulos.

La congelación de óvulos es una técnica que permite a las mujeres guardar sus óvulos no fertilizados para su uso futuro. El tiempo pasa por su cuerpo, no así por sus gametos y mientras tanto han podido encontrar una pareja óptima o desarrollarse profesionalmente. Esta técnica, disponible desde el año 2000, no estaba considerada de prescripción médica en base a un dictamen de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM), que la etiquetaba como experimental por sus tasas de éxito y recomendaba “no ofrecerla comercialmente como un mecanismo de aplazar el envejecimiento reproductivo”. Sino solo como técnica protectora de la fertilidad, en casos de cáncer.

Hace un mes, la ASRM anunció que retiraba el calificativo experimental al tratamiento. La propuesta llegó después de revisar cuatro ensayos controlados aleatorios que concluían que había poca diferencia, en cuanto a eficacia se refiere, en la utilización de óvulos frescos o congelados para un tratamiento de fertilización in vitro. Además, añadió un matiz: los bebés concebidos a partir de óvulos congelados no presentan un mayor riesgo de defectos de nacimiento o problemas de desarrollo.

El procedimiento no es una panacea. En Estados Unidos es terriblemente caro –el coste en las clínicas de fertilidad oscila entre los 10.000 y los 15.000 dólares; en Europa, concretamente en España, puede costar unos 3.000 euros. Por otro lado, hay una  cierta falta de datos relativos a las tasas de éxito con óvulos congelados utilizados por mujeres al final de su fertilidad. En los cuatro estudios reseñados por la ASRM, la mayoría de las mujeres eran menores de 35 años. De ahí que no se asegure una eficiencia total para no dar falsas esperanzas sobre postergar la maternidad. Son miles las mujeres estadounidenses que han congelado sus óvulos por razones no médicas, según estimaciones. Muy pocas de ellas los han utilizado todavía. Y en el mundo solo hay un par de miles de bebés nacidos de óvulos congelados.

Aunque el proceso guarda semejanzas con el que se realiza en una FIV tradicional (cuando se congelan embriones para su posterior uso en caso de que la mujer o la pareja deseen tener otro hijo), se incide en que las mujeres deben poder llegar a sus propias conclusiones y valorar sus propios riesgos. Con respecto a la comunidad médica, hay una línea muy fina entre mencionar y prescribir el tratamiento, pero ignorarlo no debería ser una opción. Para estandarizar el mensaje, los grupos profesionales podrían crear folletos que los médicos darían a sus pacientes o elaborar un argumentario para que los ginecólogos explicaran el proceso a sus pacientes.

Me enteré de la congelación de óvulos a través de una amiga que había hablado con su ginecólogo acerca de si debía congelar sus gametos, debido al historial de su familia sobre menopausia prematura. Cuando le pregunté a mi médico acerca del procedimiento, me dijo que había oído que las tasas de éxito han mejorado recientemente y me dio el nombre de un especialista en fertilidad. Como resultado, he congelado varios lotes de óvulos, concretamente entre los 36 y los 38 años,  justo antes del límite de preservación marcado por muchos profesionales.

Tuve suerte porque pregunté. Tenemos que ir un paso más allá y esperar que nuestros doctores valoren este tratamiento dentro de la planificación familiar. Que en cada revisión anual, se informe a las mujeres sobre todas sus opciones. Así, quizás, más mujeres valoren congelar sus óvulos en la treintena, cuando sus posibilidades de éxito son mayores. O tal vez, después de ser preguntadas sobre sus planes de maternidad en su primera visita, algunas decidan formar una familia cuando sus óvulos están en su punto álgido sin necesidad de congelarlos.

Sarah Elizabeth Richards autora del libro Motherhoood, Rescheduled: The New Frontier of Egg Freezing and the Women Who Tried It (Maternidad reprogramada: la nueva frontera de la congelación de óvulos y las mujeres que lo han realizado).

Este artículo apareció publicado en inglés, en el periódico The New York Timesel 23 de octubre de 2012.

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