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¿Son los 40 los nuevos 30?

La gente lleva tiempo diciendo que los cuarenta son los nuevos treinta. Los avances científicos y el cuidado de la salud hacen que la esperanza de vida, en los países desarrollados, se alargue. En consecuencia la belleza juvenil y la turgencia, en hombres y mujeres, resiste más tiempo. Por lo menos la cara superficial. Melissa Foss, a sus 41 años, es un ejemplo de ello. “He invertido horas de mi vida, y bastante dinero, en mantenerme saludable, cuidar mi pelo, mis dientes y mi cuerpo”, explicaba la directora de una revista neoyorkina al periódico The New York Times.

Debido a su excelente apariencia física, cuando decidió ser madre pensó que no tendría ningún problema; su cuerpo se mantenía tan joven por fuera que imaginó que por dentro estaría igual. Tras quince intentos de fertilización in vitro comprobó que no era así. “Basé mi seguridad en mí misma en parecer joven y fértil. Cuando descubrí que no podía concebir fue un shock”, explica Foss que ahora va a intentar tener un hijo con ovocitos donados y subrogando su maternidad.

Cremas, operaciones, yoga o pilates son algunas de las armas con las que muchas mujeres se enfrentan, con éxito, a la evidencia del paso del tiempo. Pero por dentro, su organismo lo vive de otra manera. Las arrugas o el pelo cano es una expresión externa de lo que ocurre en el interior del cuerpo humano. Entre los 30 y los 40 los órganos acusan el tiempo y el organismo lo expresa exteriormente.  Algo que los cánones estéticos de la sociedad actual no permiten por lo que se borran las pruebas de la edad lo que puede provocar una desconexión psicológica entre la imagen en el espejo y lo que está ocurriendo bajo la piel.

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Fruzsina Keehn asumió que su evidente triunfo a los años tendría su reflejo en su sistema reproductivo. Tiene 45 años, en los últimos dos ha intentado ocho veces quedarse embaraza mediante FIV. No lo consiguió y va a probar la ovodonación. Su jovial apariencia no le permitía asumir que su cuerpo no lo era tanto.

Esa ilusión se ve reforzada por la televisión, la moda y Hollywood. No solo por la cantidad de mujeres que al pasar los 40 refuerzan su estatus como sex symbols (de Julia Roberts a Salma Hayek sin olvidar a Sarah Jessica Parker) sino porque, si hacemos caso a los medios, parece que se reproducen como veinteañeras. El mes pasado la revista Us incluía en sus páginas el reportaje 25 estrellas que dieron a luz después de los 40, una semana después su portada la ocupaba una sonriente Jennifer Aniston que a sus casi 43 años se lanzaba a buscar un bebé.

“La sociedad lleva a pensar a las mujeres que son más fértiles de lo que en realidad son”, explica Ingrid Rodi, una profesora sobre ginecología y obstetricia de la escuela de medicina David Geffen de U.C.L.A. “Tengo pacientes que dicen: ‘Tengo 48 pero todo el mundo piensa que tengo 38. ¿No debería ser tan fértil como una mujer de 38?’ ”

La respuesta es no. A medida que pasa el tiempo, el número de óvulos en los ovarios de las mujeres, y la calidad de los mismos, declinan. A los 37 años quedan entre 10.000 y 40.000 óvulos de los dos millones con los que, de media, puede llegar a nacer una mujer. Y mientras que la capacidad fértil de cada mujer es diferente, la mayoría de los especialistas están de acuerdo en que a los 40, las posibilidades de quedarse embarazada de manera natural son, aproximadamente, del 5 por ciento.

Mucha gente no lo sabe. Una encuesta de BabyCenter.com, un portal sobre maternidad con una media de 25 millones de visitantes al mes, reveló que un 74 por ciento de las casi 2.000 personas cuestionadas, equiparaban el bienestar físico con la edad biológica como factores relevantes para ser fértil.

“La conexión entre atractivo y fertilidad es un mito”, dice Holly Finn, autora de The Baby Chase, un libro electrónico que profundiza en esa asociación de ideas. Finn, además, la traslada a la antigua Grecia y explica la relación en base a deidades femeninas como Scylla, Lamia o Medusa que eran mujeres grotescas, destructivas y, casi todas, infértiles. La posibilidad de tener hijos a cualquier edad sigue teniendo algo de mitológico. Esa es una de las tesis de la última novela de Ann Patchett, State of Wonder, en la que un doctor estadounidense se interna en el Amazonas para estudiar a la ficticia tribu Lakashi cuyas mujeres son fértiles hasta la muerte porque su reserva ovárica no está predeterminada.

Otra novela, Then came you de Jennifer Weiner, habla sobre una publicista de Nueva York que aunque rebasa los 40, miente sobre su edad y planea tener un hijo mediante vientre subrogado con su marido millonario. La autora se inspiró en un artículo sobre una mujer que, al querer tener un hijo a los 43 años, descubrió, con sorpresa, que no era capaz de concebirlo. El caso llamó su atención porque ella había vivido algo parecido. A los 37 años Weiner descubrió que estaba embarazada de su segundo hijo. Acudió a consulta y, nada más entrar, el médico hizo un apunte sobre la “avanzada edad de la madre”. “En ese momento pensé: ‘Pero, ¿de qué habla? Si todo el mundo tiene niños a esta edad’”.

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