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Ser madre después del cáncer: tratamiento de fertilidad

Una de las experiencias más duras en nuestra sociedad es, sin duda, enfrentarse a cualquier diagnóstico de cáncer, aún más cuando quieres ejercer la maternidad. Nuestra protagonista, SI, afrontó este diagnóstico con la valentía que demuestran todas las personas afectadas. Hemos querido contar con su testimonio y conocer su historia sobre su tratamiento de fertilidad tras ganar la batalla a un cáncer.

El cáncer de mama es el más común entre las mujeres de todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año surgen 1,38 millones nuevos casos de este tipo de cáncer.

El cáncer de mama es un tumor maligno originado en el tejido glandular de la mama por unas células tumorales que invaden los tejidos sanos de alrededor de la mama. Aun siendo esta afección más frecuente en mujeres, también puede afectar a los hombres.

Según estudios de la Asociación Española Contra el Cáncer, las causas científicas por las cuales se origina el cáncer son desconocidas todavía. Según estudios recientes, ni el estilo de vida, los antecedentes familiares o la edad serían factores suficientes para determinar el riesgo y conocer científicamente el motivo.

Hablar del diagnóstico precoz es hablar de una medida de prevención muy eficaz y se está convirtiendo en una práctica habitual en los últimos años: conocer las señales que recibimos de nuestro cuerpo y acudir a revisiones periódicas con especialistas son, en general, armas fundamentales para la detección y la lucha contra el cáncer. Fue el caso de SI que tras un año con malestar en todo su cuerpo y fuertes dolores abdominales acudió a Urgencias; “Hay un 95% de posibilidades de que tengas un tumor maligno en el colon” le comunicaron.

Entrevista real: ser madre después del cáncer con un tratamiento de fertilidad

¿Cómo te diagnosticaron el cáncer de colon? ¿Notaste que algo iba mal?

Llevaba un año y medio con febrícula, durante ese tiempo me hicieron muchas pruebas en el Departamento de Medicina Interna: tenía dolores en la parte del sacro y mucho cansancio.

Levantarme para ir a trabajar a diario se hacía cada vez más duro, porque no tenía fuerzas. Sin embargo, acababa de lograr un ascenso después de un tiempo esforzándome para ello y mi trabajo me gustaba. Lo achacaba a eso y al estrés, pensaba que era algo transitorio.

Tres meses antes del diagnóstico, sufría unas molestias muy fuertes en el estómago, apenas tenía apetito… Iba al médico de atención primaria y me daba la baja de tres días, tenía que hacer reposo en cama y el dolor se hacía insoportable… Sabía que algo iba mal. Además, empecé a perder peso.

El día que me diagnosticaron el cáncer me encontraba en el trabajo, el dolor era insoportable, hablé con mi jefe y le dije que me iba a Urgencias de mi Hospital. Sabía que me ocurría algo malo. De camino, llamé al que ahora es mi marido y le dije que me encontraba muy mal y que estaba llegando al Hospital.

Tras un TAC los médicos me confirmaron: “hay un 95% de posibilidades de que tengas un tumor maligno en el colon; hemos llamado a los cirujanos de guardia porque hay que operarte urgentemente”.

Les pedí que me dejaran a solas con mi marido para explicárselo (hacía menos de un año que había perdido a su hermana de 47 años de cáncer de estómago) y para tranquilizarlo.

Jamás olvidaré la expresión de sus ojos. Le dije que no se preocupase, que todo iba a salir bien, que por fin sabía lo que me ocurría. Llamé a mis hermanas y se lo conté solo a ellas, no quise en ese momento contarlo a nuestros padres.

Llegaron 2 cirujanas y una ginecóloga de guardia y me confirmaron lo que temíamos: efectivamente era cáncer. En ese momento, les insistí en que quería curarme y que quería volver a ser madre. Era el año 2011 y hacía relativamente poco, a finales de 2010, que había perdido un bebé en el quinto mes de embarazo.

En los momentos de soledad durante mi estancia en el hospital, después de la intervención, me hacían pensar constantemente en todos mis seres queridos, mi marido, mis hermanas, pero sobre todo, mis padres.

¿Cómo reaccionaste cuando te dieron el diagnóstico?

Sabía que tenía que ser fuerte, al día siguiente me hicieron muchas preguntas sobre los antecedentes en la familia.

Curiosamente, estaba más preocupada por mi familia que por mí misma, porque mi actitud era positiva y estaba convencida que todo iba a salir bien. Logré tranquilizar también a mis padres, pero a mis hermanas no.

¿Cómo viviste los siguientes días tras conocer el resultado?

Fueron días difíciles, para mí y para todos los que me quieren, pero jamás me faltó una sonrisa, debía mantenerme positiva. Tenía que luchar para curarme y para cumplir mi sueño de ser madre.

Se hizo muy duro comunicar la situación a mi familia, sentía la responsabilidad de tranquilizarlos.

¿Alguna vez te había pasado por la cabeza ser madre?

Me quedé embaraza de forma natural 2 veces antes del diagnóstico del cáncer. La primera vez, perdí a mi pequeño, mi querido bebé en el quinto mes de embarazo. Fue una de las experiencias más duras de mi vida. El embarazo no evolucionaba bien desde el principio, pero estaba convencida de que, si el bebé seguía luchando por sobrevivir, yo no podía ser menos. Sin embargo, la situación empeoró y su salud se fue debilitando. Su latido era débil, pero podía sentir sus movimientos.

A finales de junio de 2010 me ingresaron de urgencias con contracciones, mi querido bebé se iba, estuve con 40 de fiebre y en algunos momentos deliraba y le decía a mi marido que por favor hiciese algo para salvar a nuestro hijo, que yo en ese momento no importaba, que lo importante era salvar a esa nueva vida que estaba luchando dentro de mí… Pero al final, el pequeño no pudo más, tenía un tumor en el drenaje linfático.

Tras el diagnóstico de cáncer y estar en edad fértil ¿recibiste asesoramiento sobre las posibilidades de ser madre en un futuro?

A los 15 días de la operación del cáncer, donde me quitaron la mitad del colon y parte de la vejiga, los oncólogos que me estaban tratando querían comenzar rápidamente con la quimioterapia. Les pedí a que me dieran al menos una semana para visitar alguna clínica de fertilidad y valorar la posibilidad de escoger un tratamiento como la congelación de mis óvulos, una familiar ya había pasado por esta clínica . Pero en ese momento, dado que, tenía la vejiga y toda la parte abdominal muy inflamada me desaconsejaron someterme a una estimulación para preservar mis óvulos.

¿Cómo surgió la posibilidad de la ovodonación?

Me dijeron que debía esperar al menos un año antes de plantearme iniciar un tratamiento de fertilidad. Aprovechamos esa espera para seguir con otro de nuestros planes: casarnos. Pudimos organizar la boda con la que siempre habíamos soñado y unas semanas después de casarnos, empecé con el tratamiento de ovodonación.

Elegir la clínica fue fácil:  Una familiar muy cercana había conseguido ser madre de mellizos en esta clínica, y estaba convencida de que, acudiendo al mismo centro, yo también podría tener posibilidades de conseguir el embarazo.

Por todos mis antecedentes, sabíamos que no iba a ser un camino fácil, pero queríamos intentarlo. Me realizaron un diagnóstico muy exhaustivo que incluyó varias pruebas para encontrar el protocolo de tratamiento que mejor se adaptase a mí. Siempre me trataron con muchísimo cariño y una gran profesionalidad. Guardo un recuerdo inolvidable de todo el proceso.

El apoyo emocional es muy importante para superar toda enfermedad. ¿Cómo fue en tu caso?

El apoyo emocional de tu familia y amigos es clave. En mi caso, el apoyo de mi marido fue increíble. Sobre todo, en los momentos más duros. Someterse a ocho ciclos de quimioterapia durante ocho meses y sin apenas descanso entre medicación y medicación no es fácil de llevar sin el apoyo de tu entorno.

En los tratamientos de fertilidad este apoyo también es necesario, de tu pareja, de tu círculo más cercano.

Betaespera positiva, ¿nos cuentas cómo fue?

Estábamos en casa esperando la llamada de la clínica, cuando por fin sonó el teléfono: el resultado era POSITIVO, sabía que esta vez era distinto, ¡esta vez SÍ!

Estábamos muy felices, pero se lo dijimos sólo a los parientes más cercanos. Queríamos esperar a las primeras ecografías.

En la octava semana cuando oímos su corazón supe que todo iba a salir bien y que nuestro hijo (presentía que iba ser un niño), estaba creciendo dentro mí. Fue una emoción muy grande, ¡no se puede describir con palabras!

A finales de diciembre de 2015 a las 22:20 horas de la noche, nació nuestro hijo, con casi 4 kg, por cesárea. No puedo describir la emoción y la felicidad que sentí en ese momento. Va a cumplir 5 años y cada día nos hace más felices.

A pesar del largo camino que hemos tenido que recorrer, creo no cambiaría nada de lo vivido, ni siquiera lo malo, porque tenía que ser él y así ha sido.

Con este testimonio sobre cáncer y fertilidad queremos dar visibilidad a todas aquellas pacientes que tienen que lidiar la batalla contra el cáncer. Esperamos que las palabras de SI puedan dar un mensaje de esperanza.

 

 

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