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La lucha por ser padres

Hijos muy buscados. Con este título abría ayer El País Semanal su portada. El tema, sobre el vientre subrogado y su auge en España, pone de manifiesto varios conceptos sobre los tratamientos de fertilidad y la sociedad posmoderna. “Hemos encontrado muchos hombres y parejas homosexuales dispuestos a hablar y ser fotografiados pero ninguna pareja heterosexual se ha prestado a poner cara, nombre y apellidos. Mientras las parejas hetero prefieren ocultarse, las homo, aquí, han sacado consigo del armario un proceso que obliga a mucha gente a cambiar sus chips de pensamiento”, escriben los periodistas Rafa Ruíz y Guillermo Abril en el reportaje.

En España, la ley de reproducción asistida no contempla la opción del, mal llamado, vientre de alquiler. En realidad, como se explica en el artículo, la ley española no puede prohibir la práctica. En un mundo global es difícil conciliar algo que es un derecho en Estados Unidos mientras está limitado en España. Con un hijo es complicado ser legal a un lado del Atlántico e ilegal en el otro.

Justamente el conflicto en los registros a la hora de inscribir a los pequeños es uno de los temas que se articulan en el texto. Cuando una pareja heterosexual realizaba el proceso alegaba haber tenido el parto en el otro país. Así inscribían a su hijo en el registro. En el caso de parejas homosexuales formadas por hombres, esa excusa, aceptada por las administraciones con una leve mirada hacia el otro lado, no es válida. Surge el conflicto y la necesidad de visibilización.

Y esa apertura también en necesaria en otros tratamientos de fertilidad. Existe un tabú con respecto a la manera de tener hijos. Pero más allá de la polémica que puede generar el vientre subrogado, que también provocan la ovodonación, el uso de semén de donante o la fertilización in vitro homóloga, sobre los tratamientos de fertilidad sobrevuela la vergüenza.

La realidad es que la familia cambia. El mundo en el que nos movemos, también. La sociedad actual es fluida, rápida, vive en ciudades y lucha por su trabajo, tanto hombre como mujeres. Eso hace que el modelo familiar se matice y, en ocasiones, surgen complicaciones a la hora de tener hijos. Pero llevar una vida plena en el siglo XXI no implica tener que renunciar a la maternidad o paternidad. La ciencia, y las técnicas de reproducción asistida, han permitido compaginar el desarrollo personal-laboral con el familiar. Basicamente hacer más feliz a la gente que vive en el mundo cumpliendo su deseo de ser padres. Esas nuevas familias no son mejores ni peores, sino distintas.

No importa que una familia se base en una pareja heterosexual, homosexual o un solo progenitor, sea madre o padre. Importa el deseo de formarla. Eso es lo que sentían muchos de los protagonistas de esta historia. Es lícito y loable querer tener hijos y, del mismo modo, luchar por conseguirlo. Si en ese proceso se necesita ayuda de la ciencia y se tiene que acudir a un tratamiento de fertilidad, la ley tiene que amparar a la nueva familia. Y ellos tienen que sentirse orgullosos de su tenacidad y de sus ganas de ser padres. Las tres parejas del reportaje son un ejemplo de padres luchadores.

Foto: J. Rajotte para EL País Semanal

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