Psicología

Efecto Mozart

La flauta mágica o la sinfonía número 40. Da igual, lo importante es que sea de Mozart. Ya sea una ópera o un concierto para piano, las composiciones del músico más importante de la historia se deben escuchar obligatoriamente. No solo por cultura general, y regocijo musical, sino porque te hace más inteligente. Eso aseguraban en 1993 dos profesores de la Universidad de Wisconsin que pusieron, durante diez minutos, la sonata para dos pianos en Re mayor K.448 a 36 estudiantes. Después les realizaron una serie de pruebas de razonamiento espacio temporal y observaron que los resultados que obtenían los chavales eran mejores. Efecto Mozart lo llamaron.

Si la música del compositor austriaco favorecía el razonamiento en adultos, ¿podría favorecer el desarrollo de la inteligencia en niños y en bebés? El sistema auditivo humano se desarrolla durante el quinto mes de gestación. A partir de ese momento, el bebé puede reaccionar a los sonidos externos de manera que puede intuir una melodía o reconocer la voz de sus padres. En base al efecto Mozart varios autores empezaron a defender los efectos positivos de que la madre se pusiera un disco del maestro (ahora sería una lista de reproducción de Spotify) cada mañana o tarde. Diez minutos de clásicos y el bebé sería más inteligente.

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A raíz de estos licenciosos estudios surgió un boom de productos que asociaban maternidad y Mozart. Y empezó un cruce de declaraciones: unos defendían las canciones de Papageno como estimulante del cerebro, otros aseguraban que Figaro inspiraba belleza pero no influía en un mayor desarrollo de la mente. En 2003 la revista Nature publicó un estudio de la Universidad de California que defendía la tesis de que diez minutos de sonata de piano de Mozart provocaban una mejoría de nuestro razonamiento espacial. Tres años después el Ministerio de Investigación y Desarrollo alemán realizaba un análisis y concluía que escuchar a Mozart o cualquier otro compositor no hace a una persona más inteligente.

Aparte del negocio de Baby Mozart, las óperas para el desarrollo adolescente o las sonatas para madres embarazadas no quedaba claro que los acordes del vienés favorecieran el intelecto. Por si acaso, nada como hacerse una lista en el reproductor, conectar los altavoces y poner durante diez minutos alguna de las sinfonías del compositor más importante que ha dado la historia. Quizás el bebé no salga más inteligente, quizás no mejore nuestra capacidad de razonar pero por lo menos nuestro cerebro agradecerá ese momento de deleite musical.

2 comentarios

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  • Muy bueno!!

    Mi madre siempre me hablaba de que me ponía música cuando estaba embarazada, aunque tengo que matizar que le gustaba mucho Deep Purple…no sé qué parte de mi cerebro habrá estimulado en concreto, jaja.

    En todo caso, este tipo de planteamientos pseudocientíficos siguen de moda, no hay más que buscar un poco en Spotify… eso sí, mi hija creció con Bach y le va muy bien 😉

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