Reproducción Asistida

Diferencias entre FIV convencional y FIV-ICSI

Fecundación in vitro (FIV) y FIV-ICSI

La fecundación in vitro (FIV) y la fecundación in vitro con microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (FIV-ICSI)  son dos técnicas de reproducción asistida de alta complejidad. Aunque son muy similares, hay diferencias tanto en el procedimiento en el laboratorio como en la indicación clínica de cada una.

Sin embargo, para los pacientes las fases del proceso son las mismas: estimulación ovárica; punción para extraer los ovocitos; preparación de ovocitos y semen; fecundación en el laboratorio; cultivo embrionario; transferencia al útero; y análisis de beta-HCG.

¿En qué se diferencian?

La fecundación in vitro es una técnica que consiste en unir espermatozoides y óvulos para conseguir embriones viables para la gestación. La diferencia entre FIV y FIV-ICSI está en la fecundación en el laboratorio. En una FIV convencional se capacita la muestra de semen en el laboratorio. Los óvulos extraídos se ponen en una placa con pocillos y se pone cada óvulo en un pocillo. Para la fecundación, se pone una gota de la muestra capacitada con 50.000 espermatozoides. El objetivo de esta técnica es conseguir una fecundación lo más parecida a la natural. Se espera a ver quién gana la carrera hacia el óvulo.

En el caso de la FIV-ICSI, tras la capacitación espermática, se elige un único espermatozoide. Éste se microinyecta mediante una microaguja  en el interior del citoplasma de un único óvulo. Para elegir el mejor espermatozoide, el embriólogo tiene en cuenta las características mórfológicas y de movilidad.

Además, en el caso de la ICSI se eliminan las células del cúmulo que rodean al ovocito para facilitar la introducción del espermatozoide. En la FIV convencional este paso se realiza en el día 1 tras la fecundación.

¿Para qué pacientes se recomienda  cada técnica?

La FIV convencional se desarrolló para solventar problemas de esterilidad como la obstrucción de las trompas de Falopio, la endometriosis o casos en los que la inseminación artificial fallaba. Mientras que la ICSI, que se practica desde 1992, surgió para casos de infertilidad masculina moderada o severa: oligozoospermia (baja concentración de espermatozoides), astenozoospermia (baja movilidad) o la teratozoospermia (pocos espermatozoides con la morfología adecuada).

¿Qué técnica es mejor?

Una técnica no es mejor que la otra. En función de cada pareja, el equipo médico decide cuál se empleará. En los casos de FIV con DGP (diagnóstico genético preimplantacional, llamado en la actualidad PGT del inglés Preimplantation Genetic Testing), es preferible realizar una FIV-ICSI para evitar que los espermatozoides que se adhieren al óvulo en la fecundación in vitro convencional, alteren el análisis genético. También se opta por la ICSI si hay pocos óvulos o es complejo conseguir la muestra seminal (como las obtenidas por biopsia testicular o los pacientes oncológicos).

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